LA MEDICINA RURAL : CERCANIA, VOCACION Y UN TESORO QUE MERECE IGUALDAD

29, Oct 2026 | Acción Sindical

Trabajar en el medio rural es distinto. Lo sabe quien atiende en kampezo o en la Montaña Alavesa, quien conduce cada mañana hasta Valdegovía, Añana o Peñacerrada, quien cubre la Rioja Alavesa desde Laguardia o Labastida, quien sostiene la consulta en Aiara, Artziniega u Okondo, o quien atiende en Karrantza, en el extremo occidental de Bizkaia, donde se comparten las mismas distancias, el mismo aislamiento y la misma responsabilidad. Nuestros territorios están llenos de concejos y barrios pequeños, de pueblos envejecidos y de carreteras que en invierno no perdonan. Y en cada uno de esos sitios hay un médico que es, a la vez, el primer y a menudo el único recurso sanitario cercano.
Aquí no atendemos números de historia clínica, atendemos a vecinos. Sabemos quién vive solo en una casa del fondo del valle, quién cuida de sus padres, quién no llamará aunque lo necesite. Ese vínculo es la base de una medicina poderosa: más cercana, más preventiva, más humana y más eficaz. Es un privilegio de nuestros pacientes, pero también nuestro. Es lo que nos hace sentirnos médicos de verdad. Eso es un tesoro, y los tesoros se cuidan y se protegen.
Pero ese tesoro está en riesgo. En Bergüenda, la plaza estuvo casi medio año sin cubrir: seis meses de vecinos sin su médico y de compañeros asumiendo una carga que no les correspondía. Y en Iruña de Oca la rotación de profesionales es constante: llegan, no encuentran condiciones para quedarse y se marchan. Cada vez que eso ocurre se rompe el vínculo con el paciente, que es precisamente lo que da valor a esta medicina. Un médico que se va cada pocos meses no puede construir confianza, ni hacer prevención, ni conocer a su gente.
Lo que rechazamos es que la administración use esa escasez como coartada para justificar unas condiciones que vivimos como maltrato profesional. Se nos pretenden imponer jornadas interminables, con consulta, avisos, domicilios y guardias encadenadas, que ponen en riesgo nuestra salud, que se llevan nuestra vida familiar y que acaban dañando la calidad asistencial. Un médico agotado no puede cuidar bien. Y unas condiciones que expulsan a los profesionales agravan el problema que dicen querer resolver.
Si queremos médicos en nuestros pueblos, la solución no es exprimir a los pocos que quedan, sino hacer la profesión atractiva y sostenible: jornadas razonables, conciliación real, estabilidad, reconocimiento y respeto. Quien maltrata a quien sostiene el sistema pone en peligro el sistema entero.
Por esta razón, el Sindicato Médico de Álava ha dado un paso al frente.
Osakidetza ha firmado con el SME un acuerdo sobre los descansos postguardia de los facultativos especialistas. Un acuerdo que, sin embargo, nos deja fuera a quienes trabajamos en el medio rural, tanto en Álava como en Karrantza, y hacemos guardias rurales exactamente en las mismas condiciones que las hospitalarias: la misma responsabilidad, las mismas horas, el mismo desgaste. Y en algunos casos, con menos medios: los compañeros de Karrantza atienden esas guardias sin el apoyo de enfermería. Aun así, no se nos reconoce el mismo derecho al descanso.
Nos hemos dirigido a Osakidetza para pedir una explicación y una solución. No hemos recibido respuesta. Y el silencio, compañeros, también es una respuesta: nos dice que se nos considera profesionales de segunda.
Descansar después de una guardia no es un privilegio ni una concesión: es una cuestión de seguridad, para el médico y para el paciente. Nadie puede explicar por qué el cansancio de un médico rural valdría menos que el de un médico de hospital, y menos aún cuando esa guardia se ha hecho sin enfermería. Un médico que sale de una guardia así y encadena la consulta del día siguiente no está en condiciones de cuidar. Y ahí también están en juego los vecinos a los que atendemos.
Por eso exigimos que los médicos rurales que hacemos guardias  tengamos las mismas consideraciones, los mismos descansos y la misma dignidad que cualquier otro facultativo que las realiza. Ni más, ni menos: lo mismo.
Esto no es un problema de un valle ni de un territorio. Es el problema de todos los médicos rurales que sostenemos guardias presenciales, estemos en Álava o en Karrantza, con o sin enfermería a nuestro lado. Por eso la respuesta tiene que ser común.
Solos somos fáciles de ignorar, pero unidos somos imprescindibles. Hoy es el descanso postguardia; mañana será otra condición que se nos quiera negar. La medicina rural es una de las últimas reservas de medicina genuina que nos quedan, y no vamos a permitir que se desmantele a base de sobrecarga, agravios y desgaste.
Os pido que no nos resignemos ni nos aislemos, aunque nos separen kilómetros de carretera. Que hagamos de nuestra unión un frente común, firme, sereno y constructivo. Porque esta reivindicación es de justicia, y la vamos a defender juntos.
Cuidemos lo que somos y lo que hacemos. Cuidémonos entre nosotros.
Muchas gracias.

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